“Habría sido mucho más importante que el psicoanálisis hubiera existido hace cien o ciento cincuenta años. Entonces nos habríamos ahorrado, por ejemplo, algunas cosas de Wagner. Ese hombre sí que era un terrible neurótico. Por ejemplo, una obra como Tristán, la mayor de todas las que compuso, ¿por qué la escribió? Pues sólo porque se entendía con la esposa de un amigo, que lo soportó durante años. Años enteros. Y este engaño, esta, llamémosla sórdida, relación le carcomió tanto por dentro que tuvo que transformarla en la mayor tragedia amorosa de todos los tiempos. Represión total a través de la sublimación total. «El deseo más sublime», etcétera, usted ya lo conoce. El adulterio aún era entonces un hecho extraordinario. Y ahora, ¡imagíneselo!, ¡Wagner habría confiado el asunto a un psicoanalista! Sí… una cosa es evidente: el Tristán no habría existido. No cabe duda, porque su neurosis no habría llegado a tanto.“

“Nuestra historia falseada desde el principio no coincidiría nunca más con la que ya nos había inventado. No quiero que la vida se ponga a tener otras voluntades que las mías.“SdB

“Nuestra historia falseada desde el principio no coincidiría nunca más con la que ya nos había inventado. No quiero que la vida se ponga a tener otras voluntades que las mías.“
SdB

Te esperé ayer desde el alba, se dieron cuenta de que ya no vendrías.¿Te acuerdas qué tiempo tuvimos?Fue una fiesta. Yo salí sin abrigo.Llegaste hoy, y nos han preparado un día singularmente sombrío.La lluvia y una particular hora tardía.Y corren las gotas por las ramas heladas, que ni las palabras podían frenar, ni secar siquiera un pañuelo.
Arseni Alexandrovich Tarkovski

Te esperé ayer desde el alba, se dieron cuenta de que ya no vendrías.
¿Te acuerdas qué tiempo tuvimos?
Fue una fiesta. Yo salí sin abrigo.
Llegaste hoy, y nos han preparado un día singularmente sombrío.
La lluvia y una particular hora tardía.
Y corren las gotas por las ramas heladas, que ni las palabras podían frenar, ni secar siquiera un pañuelo.

Arseni Alexandrovich Tarkovski

.tequiero.noesasuntotuyo.

.tequiero.noesasuntotuyo.

Interrogué a papá: “Un marido es otra cosa”, contestó; tuvo una sonrisita que no me aclaró nada. Siempre consideré con disgusto el casamiento. No veía en él una servidumbre pues mamá no tenía nada de oprimida; era la promiscuidad lo que me chocaba. “¡De noche en la cama, uno ni siquiera puede llorar tranquilamente si tiene ganas!”, me decía aterrada. No sé si mi dicha solía estar cortada por ataques de tristeza, pero a menudo, de noche, lloraba por placer; obligarme a refrenar mis lágrimas hubiera sido negarme ese mínimo de libertad de la que tenía una necesidad imperiosa. Durante todo el día sentía miradas posadas sobre mí; quería a los que me rodeaban, pero cuando me acostaba de noche sentía un gran alivio ante la idea de vivir, por fin, algunos instantes sin testigos; entonces podía interrogarme, recordar, emocionarme, prestar oído a esos rumores tímidos que la presencia de los adultos sofoca. Me hubiera resultado odioso que me privaran de ese descanso. Tenía que escapar, al menos por unos instantes, de toda solicitud, y hablar en paz conmigo misma sin que nadie me interrumpiera.
Simone

Spock 35mm